De niño

Hoy me acordé de algo que me paso hace varios años, cuando era niño.
En una ocasión, golpeaba con un martillo la cabeza de un clavo, mientras con la otra mano lo retenía para que no se torciera. Un mal instante, mala suerte, mala manera, error instantáneo… me di un golpe salvaje en uno de mis dedos, lo primero que hice fue aventar el martillo con furia y en un milésima se segundo, me repetía constantemente “no me duele, no me duele.. no me duele” mientras sobaba mi dedo aplastado …seguía diciendo “no me duele… no me duele…” Pero por dentro, la realidad era otra, sentía un dolor punzante, latente, agudo, fuerte, inolvidable…. y aún así seguía diciendo “no me duele” … nunca entendí porque reaccione así.
Los días pasaron y después de aquella tarde y por varias semanas, lo único que veía era una mancha obscura en mi uña… era la clara evidencia de que el golpe si me había lastimado bastante.

Es demasiado personal y doloroso…. nunca deseamos que eso pase, y aunque las miradas no se hayan cruzado, el dolor no es menos.

Esta noche la siento muy frágil, como si el cielo se derrumbara al suelo, como una esfera de navidad; capaz de romperse en pedazos al desprenderse de la rama que la sostiene; caer y hacerse trozos muy pequeños que no podrían unirse unos con otros, todo parece tan frágil, hasta la música que escucho.

El silencio es tan sagrado.

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