Los edukadores

Hoy fui al cineclub de la UDLA, bueno, hoy no, mas bien ayer martes. Hace 1 hora con 24 minutos que ya es un nuevo día, aunque para mi, sigue siendo “hoy martes”.

Anda, que me estoy desviando, regresando al tema!

“Hoy Martes 6 de Febrero…” fui al cine club de la UDLAP a ver la segunda cinta del ciclo de proyecciones para Primera 2007 que se titula “Los edukadores”. Las funciones son cada Martes, a las 6:00 pm y a las 8:30 pm. El bono para las 11 películas está en tan sólo 120 pesos, más barato sería un insulto al 7o arte.

La cinta “Los edukadores” es de procedencia alemana y tiene sus grandes momentos pero tambien tiene sus peores momentos, podría verse como una montaña rusa, a ratos el vertigo es tan grande que te atrapa y te tiene al borde de la silla, pero a ratos la subida es  tan lenta y pesada, que se hace eternamente aburrida.
Al final de la proyección, vi a Freek (un chaval Alemán, amigo de Ilian) al cual saludé; él me preguntó “¿Qué te pareció?” y le dije “Más o menos”. Un tanto indignado él me preguntó: “¿Cómo que más o menos? ¡si está bastante buena!” sin embargo pensé “Quizás sí, pero no para mi gusto” así que para evitar amores o disputas nacionalistas sobre lo que es bueno o malo mejor le pregunté si había visto a mi niña, él me dijo que no, entonces fui al CENTIA a buscarla y no la encontré, regresé al cineclub y al poco rato la ví.

Me dio gusto verla, después de una semana exacta de no hacerlo, después de que durante todos esos días la estuve evitando y hasta podría decir que ignorando aunque realmente no era mi intención hacerlo tal cual.

Lo cierto es que muchas veces me quedo absorto en lo que hago y no tengo ese impulso de dejar todo para ir a verla, también es cierto que las circunstancias de nuestro noviazgo no son las más factibles por diversas causas, todas ellas ajenas a nosotros pero las cuales inevitablemente debilitan mi [¿nuestro?] espíritu de lucha.

Por el contrario, ella siempre demuestra esas ganas enormes que tiene para que lo nuestro funcione, para que no decaiga ni se pierda.

Yo no se si es cierto que en una relación uno es el dominante y otro el pasivo, lo cierto es que en algunas cosas yo soy activo pero en otras soy demasiado pasivo, lo cual en lugar de fortalecer nuestra relación, la debilita, la hiere y a ella le causo cierto sentimiento que provoca que lágrimas resbalen por su rostro.

Cuando era mas joven de edad (cuando tenía 19 años más o menos) tenía guardado en un estuche un dije de ópalo que mi madre me había regalado, hasta donde tengo entendido el ópalo es una piedra preciosa y bastante cara, la verdad es que me gustaba mucho porque a la luz del sol se miraba dentro de aquel trozo de mineral muchos colores, parecidos a los que se ven en la concha nacar pero más bonitos.
Recuerdo que un día saqué del estuche aquel dije y me lo colgué al cuello y realmente me hacía sentir especial aquel pedazo de roca brillante, en primera porque era un regalo de mi madre y en segunda por su exquisita belleza.
Salí de casa y fui a no se dónde, la verdad no recuerdo el lugar pero recuerdo perfectamente que aquella noche antes de ir a dormir me llevé las manos al cuello para quitarme el dije y ponerlo en su estuche pero nada encontré, lo primero que pensé es que lo había perdido dentro de la casa, así que busque por todas partes y nada encontré, luego pensé que quizas lo encontraría en la calle que conduce a mi casa pero tampoco encontré algo.
Ese día me sentí realmente triste porque había perdido algo valioso (emocionalmente y económicamente hablando) y de alguna manera sabía que no lo podría recuperar; aún así con cierto grado de esperanza busqué por mil rincones, por encima y por debajo de las sábanas y nunca apareció.
Aunque suene cursi, la verdad terminé llorando y sintiendome realmente mal, me recriminaba a mi mismo por la pérdida y hasta desee un centenar de veces que pudiera regresar el tiempo justo antes de ponerme el dije en el cuello, también desee de todo corazón que en sueños pudiera saber en dónde había quedado aquel dije de ópalo.

Apuesto que en determinado momento, todos han llegado a sentirse así después de perder algo realmente valioso.
El tiempo ha pasado, casi 10 años y cuando recuerdo aquella pérdida aún me causa cierta angustia.

Hoy me sentí de manera similar, al verla tan triste por mi causa, por no darle la atención debida, por ignorarla en el sentido estricto de la palabra durante tantos días pero lo peor fue cuando ella me dijo: “Sólo dime si realmente me quieres, porque no entiendo porqué eres así conmigo, no se porque me ignoras de tal manera”. Eso casi me desbarata.

Si algo admiro de ella es su valentía, su fortaleza pero también, su sensibilidad y su sencillez; una mujer como ella, realmente merece sonrisas en lugar de tristezas y no espero ni quiero que alguien más lo haga por mi, yo quiero darselas pero a veces no se muy bien cómo hacerlo.

Mi vida está hecha de vagos recuerdos sobre muchas cosas, de ideas determinantes, de vidas ajenas vistas en el cine, de malos y buenos recuerdos, de pequeñas frases de canciones, entre tantas cosas, hay una frase de Facundo Cabral que díce más o menos así: “Hombre no es aquel que tiene muchas mujeres, sino aquel que tiene una y la hace feliz” Yo quiero ser ese tipo de hombre y ser aquel que haga feliz a esta mujer maravillosa.

Es algo que deseo de corazón. Honestamente es difícil para mi lograrlo, porque mi pasado me ha convertido en una persona que prácticamente no depende de otras para ser feliz, ni siquiera emocionalmente dependo de mi familia y por ende, me cuesta trabajo expresar abiertamente mis emociones.

A veces quisiera cargarla y llenarla de besos, decirle mil veces cuánto la amo al mero estilo de una escena romántica, pero algo me detiene (no es por falta de amor) pero no voy más allá de un abrazo y un beso. Y no es porque no la ame, de verdad que sí la amo pero no se muy bien como expresarlo. Creo que estoy perdiendo esa sensibilidad humana.

Lo peor viene cuando me encierro en mi mundo y seguramente podría pasar dos o más semanas completas sin enviarle el más mínimo mensaje, ni un correo, ni una llamada y es más, ni una simple charla por msn y estar totalmente tranquilo, porque aunque no esté en contacto con ella, no dejo de quererla y de sentir el mismo aprecio y amor que existe, aún cuando para ella, parezca que la tierra me ha tragado yo no me siento culpable. Lo cierto es que pasan los días y es cuando comienzo a extrañar su sonrisa, su cabello y su presencia o simplemente escuchar su voz.

Comprendo su dolor cuando ella se siente ignorada o desplazada, a mi me duele verla triste y me recuerda aquella tarde en que perdí algo que quería tanto por descuido o por alguna extraña ley de la vida.

Ahora ella es como aquel dije de ópalo bruñido, ella es lo más precioso que tengo y honestamente, no quiero perderla.

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