Encerrados

En mi trabajo, el proyecto que estoy realizando cada día se hace más extenso y no veo para cuando terminar, los avances van bien pero cada día surgen nuevos detalles para implementar, la cuestión es que ayer me quedé a trabajar hasta las 9:00 pm, mi niña fue por mi a las 8pm e incluso ella me estuvo ayudando con una sentencia SQL para agrupar resultados que por cierto, realiza de manera parcial lo que deseo…

SELECT
`fecha_regreso_procesosT`,
`nombre`,
`ubicacion`,
COUNT(*),
`observaciones`,
`titulo`
FROM
`libros`,
`programaAcademico`,
`facturas`
WHERE
(`fecha_regreso_procesosT` !=’0000-00-00′) AND
(`idProgramaAcademico` = `programaAcademico_idProgramaAcademico`) AND
(`facturas_numero` = `numero`)
GROUP BY titulo, fecha_regreso_procesosT, ubicacion
ORDER BY `fecha_regreso_procesosT` ASC

El asunto principal de todo, es que a las 9:10 salimos de la oficina, cuando cerré la puerta, ambos vimos a uno de los empleados del departamento de procesos técnicos que estaba apagando las luces de su área, cuando nos vió se despidió de mi y nosotros de él; bajamos las escaleras y cuando llegamos a la entrada principal vimos que estaba cerrada con llave; esperamos cinco minutos o quizás menos a que el compañero de trabajo bajara las escaleras y nos abriera la puerta (pensando en que él tendría las llaves); cuando vimos que no bajaba, subí las escaleras para buscarlo y ¡no lo encontré!
Toqué todas las puertas que hay en el segundo piso de la biblioteca y no hubo respuesta alguna. Parecía una broma o un juego de mal gusto; bajé las escaleras y busqué en el primer piso al velador o a quien fuera que estuviera para que nos abriera la puerta pero tampoco hubo suerte… en pocas palabras, nos dejaron encerrados en la biblioteca y no había nadie cerca que nos pudiera dejar salir.

Subí a la oficina, marque el numero de emergencia de ciudad universitaria (*111) y nadie contestó; mientras tanto, mi niña se quedó atenta en la puerta, por si veía pasar a alguien.

Nos dieron las 9:30pm y aún seguíamos sin poder comunicarnos con el exterior para pedir que nos dejaran salir, mientras yo intentaba localizar a alguien por teléfono, mi niña vió pasar a un señor al cual le chifló tan duro como pudo para llamar su atención y por fortuna lo logró (recordemos que las puertas son de cristal). Una vez que el señor se acercó a la puerta, ella le pidió que de favor, avisara a los del módulo de vigilancia que nosotros estabamos en la biblioteca (encerrados).

Pasaron como 10 minutos y fue cuando vimos llegar a los de vigilancia, a través del cristal nos preguntaron que cómo nos habíamos quedado encerrados, yo les enseñé mi gafete de identificación y ellos se rieron, nos dijeron en tono de broma “ya ven, ¿para qué se esconden?”, luego nos notificaron que ya habían hablado (no dijeron a dónde ni a quién) para que trajeran la llave de la puerta porque ellos no tenían copia, tambien nos dijeron que no nos desesperaramos, que tardaría un poco, pero no mucho; después se dieron la media vuelta y se fueron.

Estuvimos hasta las 10:30 pm esperando, por un instante la desesperación le hizo pensar a mi niña que sería mejor brincarse por una ventana del segundo piso, obviamente le quité la idea de la cabeza. Ambos aprovechamos el tiempo en platicar y reir un poco (los nervios que yo tenía por la hora en que ella llegaría a su casa era lo que más me preocupaba).

10:30pm llegó el Lic. Ricardo Villegas y tan amable como siempre, nos dijo que no tenía consigo una copia de la llave que abre y cierra la puerta principal, pero (por fortuna para nosotros) nos dijo que en su oficina tenía una llave que abre una puerta lateral, así que por una rendija de la puerta nos pasó la llave de su oficina y nos dió las indicaciones para encontrar la preciada llave que nos permitiría salir.

Hicimos como nos dijo y salimos cerca de las 10:35 pm.

Una vez afuera, con cierta pena le dimos las gracias y le ofrecimos una disculpa; el dijo que no había problema (tan cortés como siempre) y nos despedimos.

Frente a la entrada principal de C.U. abordamos un taxi y nos fuimos con rumbo a la casa de mi niña; en el trayecto reímos un poco y luego hablamos de otras tantas cosas.

Creo que ninguno de los dos había pasado por el chusco dilema de quedarse encerrado en una biblioteca; almenos “ya tendremos algo que contarle a nuestros nietos”.

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