Ese billete de 200

Salí de mi casa, abordé el autobús y pague con un billete de 200, el conductor me dijo que no tenía cambio que “luego le pasara”. ¿Quién discute si le ofrecen viaje gratis? Yo no.
Llegué al destino acordado, luego me habló ella para preguntarme dónde habíamos quedado de vernos. Le dije dónde y entonces llegó.
Fuimos hasta donde salen los autobuses que nos llevarían al siguiente destino y no hacía poco que se había marchado; no había otra que esperar la siguiente salida a la siguiente hora en punto.

Mientras esperabamos, decidí llevarla a tomar algo al Café de enfrente. Entramos, ordenamos y cuando nos atendían, la chica que lo hacía me reconoció y me saludó “Hola profe” y como vió mi cara de “¿Quién eres?” me dijo “Hay profe, soy Vania”. Al escuchar su nombre la reconocí plenamente, me sorprendió lo grande que ya es (aunque no pasa de los 22 años) la saludé con mucho gusto, las presenté y luego ordenamos un par de tés de menta.
Ella y yo platicamos un rato, después pedimos la cuenta pues faltaba poco para la hora esperada. Vania se acercó a nosotros y cuando le iba a pagar con el billete de 200, ella nos dijo: “No es nada profe, corre por cuenta de la casa”. La verdad si nos sorprendió su detalle generoso así que le dimos las gracias, después, antes de marcharnos ella puso la propina y nos marchamos.

Vimos el autobús a dos calles de distancia; ella corrió y yo caminé, al final ambos lo abordamos; tomamos nuestros asientos y casi no hablamos; excepto por algunas cosas importantes como que ella se piensa ir al extranjero a estudiar un doctorado; tal vez Italia, tal vez Francia, tal vez Canadá.

Llegamos a donde debíamos llegar, recorrimos las tiendas, pagué la prenda que había prometido pagar pero como no me alcanzaba el efectivo, pagué con tarjeta de debito; luego justo antes de marcharnos entramos a otra tienda, vi algo que me gustó para ella y le dije que yo se la regalaba; a la de mil aceptó. Cuando fuimos a pagar, entregué mi tarjeta de crédito (porque la de débito ya no cubriría el costo) y fue cuando ocurrió mi primera vergüenza con esa tarjeta: No la aceptaron. Y yo con 200 en la bolsa, con una tarjeta de débito con insuficiente saldo y con mi cara de vergüenza como nunca antes.

Ella resolvió elegantemente pagar el costo y me dijo “tranquilo, yo pago”. Y así fue.

Ya no sabía que decir o hacer, solo guardé silencio; salimos del área comercial, nos dirigimos a donde salen los autobuses y abordamos uno que tomó la salida por la autopista e hizo un recorrido durante 25 minutos por el periférico, hasta que llegamos a Ciudad Judicial; en las afueras de la ciudad.

Cerca de ahí, pasa una ruta que llega al centro de la ciudad, así que abordamos un autobús; una vez arriba, intenté pagar nuevamente con ese billete de 200 y el conductor me dijo “No tengo cambio”.

Puffff ¡Que día!

Ella terminó pagando el pasaje y prácticamente todo.

Nos bajamos [mucho] antes de llegar al centro y caminamos un par de kilometros por el gusto de hacerlo, sin embargo hablamos muy poco; no fue como otras ocasiones en que bromeamos y reimos y nos contamos tanta cosa nos pasa por la cabeza. Algo había sucedido.

Ciertamente aún seguía apenado por lo de la tarjeta de crédito y consternado porque en su cabeza se le ha metido el sueño de ir al extranjero a estudiar; obviamente quisiera decirle “nooo, no te alejes o no te vallas o ¿qué voy hacer sin ti tanto tiempo?” pero realmente nunca diré esas palabras. No me gusta frenar a las personas, al contrario. Si es su meta ir al extrajero durante dos años (o más) mi deber es apoyarla y alentarla a que cumpla su sueño, que no se limite ni que se detenga por terceras personas (por mi).

Cuando estabamos a menos de 5 cuadras de su casa, vi un OXXO (mini super) y le dije “Ven”. Entramos y le dije: “Te invito una paleta” (se que le encantan las magnum) así que sacamos una del congelador, yo pedí algo más y cuando iba a pagar con el billete de 200, el cajero me dijo “Se acaban de llevar todo mi cambio, no le voy a poder cobrar”. puffffff me lleva!!!

Ella puso la paleta en su lugar y yo salí de plano algo molesto no con ella, sino con la suerte de mi día para cambiar un simple billete de 200 pesos.

Llegamos a dos cuadras de su casa, nos despedimos casi sin palabras y con un abrazo, nos dimos la media vuelta y nos marchamos con direcciones opuestas en medio de un silencio preocupante.

Después fui a Aurrerá, me compré un helado de fresas con queso en holanda y pagué con mi billete de 200 pesos que finalmente pudieron cambiarme. Caminé un poco, abordé el autobús con dirección CAPU y llegué a mi casa después de un día largo, extraño y un poco triste.

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2 pensamientos en “Ese billete de 200

  1. Oye Valar se que no he escrito mucho (digo ni mi blog he puesto de nuevo…), pero no creas que no te leo…casí (y ese casí es porque no lo hago a diario como acostumbraba) te leo todos los días, Muchisimas Felicidades por tu reubicación! y sigue p’a delante…:)

  2. Hombre!
    Lo ultimo que supe de ti, fue lo que me contaste por e-mail. Espero que el trabajo ya no te absorba del todo y que sean otras cosas las que te tienen ocupado.
    Yo sigo por aqui dando lata y bueno, echandole ganas al trabajo, al amor y hasta a la congre. jejejeje
    Saludos mi estimado!

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