Los amantes del círculo polar

Hay cosas por ahí sueltas que tienen que ver con el origen [de Los amantes del círculo polar], por ejemplo un párrafo que leí de un texto de Ray Loriga. Hay una persecución de un niño a una niña. Yo lo que entendía es que ella se caía y lloraba para él, y a ella le gustaba caerse y llorar para él, y a él le gustaba correr detrás de ella y que ella se cayera y llorara para él, algo así, y a partir de ahí se me ocurrió que podía contar una historia narrada desde los dos.
¿Qué era esa carrera? ¿Por qué corría ella y por qué corría él? Que la película fuera esto, la yuxtaposición de los dos puntos de vista y que hubiera una pequeña dislocación entre el punto de vista de uno y de otro y cómo se iban mimetizando y pareciendo e iban entrando en un proceso con mucha fusión. — Julio Médem [Director de Los amantes del círculo polar]

Ana y Otto. Otto y Ana… Dos historias que son una misma historia de círculos concéntricos en la que la vida y la ficción, la realidad y lo imaginario, se superponen y se confunden. Dos personajes que se dirían predestinados, a través de un diabólico laberinto de azares, que se ceden alternativamente la voz para narrar la historia de su idilio de amor, apasionado y secreto, a través de tres edades (infancia, adolescencia, madurez), desde los ocho años hasta los veinticinco. Y las casualidades como motor de esa pasión.

¿Un acontecimiento no es tanto más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para producirlo?

Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla.

Nuestra vida cotidiana es bombardeada por casualidades, más exactamente por encuentros casuales de personas y acontecimientos a los que se llaman coincidencias.

Coincidencia significa que dos acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, que se encuentran.

Ana y Otto viven en una permanente casualidad. Casualmente Ana huyó porque no quería que su padre muriese, y casualmente Otto no pudo parar el balón, por lo que salió corriendo para atraparlo, y parece como si quisiera alcanzar a la niña, que se cae delante de él

La película se abre y se cierra con la misma imagen, y su belleza capicúa encuentra su correlato en los nombres de los protagonistas (Ana y Otto) y en el propio apellido del cineasta (Medem).

Así se inician una serie de coincidencias que entretejen de forma circular las vidas de Otto y de Ana, círculo que se cerrará en el mismo borde del Círculo Polar.

Ana y Otto. Los amantes del Círculo Polar.

Los amantes del círculo polar“. Nunca un título resumió tanto una historia. Es una historia de amor. Una historia de amor fría y de círculos. De casualidades. De ciclos. Que unen. Que separan. Que nacen. Que crecen. Que matan.

La estructura de la película se amolda a una historia no convencional. Así, se comienza con el avión estrellado de Otto en azul y una música finlandesa. Después “los ojos de Ana” y Otto reflejado en ellos.

Todo el relato se construye desde justo antes del momento fatídico en flashbacks narrados con gran lirismo por las voces en off de los protagonistas, de manera que en el modo de imprimir el punto de vista figurado a la historia, prevalece la focalización interna múltiple, ya que ambos protagonistas relatan los mismos hechos desde sus distintos puntos de vista.

Unos narrados por Ana, otros por Otto, o ambos, desvelándonos sus sentimientos y sus recuerdos desde sus pensamientos, más que desde sus diálogos; para demostrarnos que incluso en un amor tan sentido como este hay distintas perspectivas y divergencias en la memoria; incluso desde el momento en que se conocen Ana y Otto: corriendo.

Ana corre porque huye de la muerte de su padre, quiere correr hacia atrás, pero es imposible, así que traslada a su padre al interior de Otto, un niño que ha corrido detrás de un balón pero en apariencia corre detras de ella, un niño que se paraliza con la mirada de Ana cuando esta tropieza y cae.

Hay otro momento en el que también se corre hacia atrás, exactamente se “esquía hacia arriba” y es en el momento de la muerte de la madre de Otto. Además de esta gran coincidencia de sentimientos, hay una divergencia grande del recuerdo: Cuando Otto decide aventarse por el acantilado, montado en su trineo y Ana decide ir con el, Otto piensa que Ana saltó del trineo justo antes de caer al vacío, sin embargo, Ana vio como Álvaro (el padre de Otto) la agarraba antes de salir precipitados.

Cuando Otto se marcha de casa, la focalización deja de ser múltiple para dar paso a dos focalizaciones internas, la de Ana y la de Otto, quienes narran sucesos diferentes porque viven separados, aunque hay que mencionar la secuencia que se desarrolla en la Plaza Mayor de Madrid, donde coinciden sin saberlo, en el mismo momento en el que Ana encuentra al que había sido profesor de Otto (Javier), quien será su pareja durante los cuatro años siguientes; Otto decide ser aviador.

Siempre hace frío.
Es una historia azul, glacial. La fotografía de Kalo F. Berrido utiliza filtros azulados, bellos y tristes, que nos anticipan el final de la película. Sólo hay una persona que siempre es cálida: la madre de Otto. Ella siempre aparece en espacios soleados como el lago, incluso en la incineración los tonos son cálidos. El otro corazón rojo de Otto pertenece a Ana

La naturaleza fría, nocturna de Finlandia, del viento en los árboles al saltar de un cuarto a otro. La naturaleza se configura aquí de forma romántica, es decir, se compenetra con el sentimiento de los personajes. El director, Julio Medem utiliza mucho en esta película la ventana como un símbolo de esos sentimientos ocultos, interiores que llegan más allá de las habitaciones. Así, cuando Álvaro deja a la madre de Otto, la ventana se abre por una fuerte lluvia; los árboles se frotan salvajes con el viento, el primer día en que Ana le incita a saltar por la ventana

Se valiente!, Salta!

La ventana se abre a la visión del ciervo la primera vez que Ana y Otto se besan. No obstante, la ventana también tiene una segunda función: servir al mirón para ver la vida íntima de las personas: Otto observa a Ana desnudarse, a su padre hacer el amor cuando está con Olga y observarla desde la ventana de la televisión presentando el noticiario.
Otra casualidad es que Olga deja al padre de Otto y se va con otro Álvaro que resulta ser hijo de “Otto, el alemán”.

Gracias a él, Ana puede vivir en el Círculo Polar y esperar a Otto, el aviador. La historia de Otto, el alemán se repetirá con Otto, nuestro protagonista, que es salvado por Aki cuando se queda enganchado en los árboles con el paracaídas.
También es repetición la carrera de Ana y Otto, con la Otto el alemán y Cristina, su futura esposa. Justo aquí llega un momento en que surge la pregunta de ¿si la casualidad no es una forma moderna de llamar al destino?, ya que parece que a estos dos enamorados los unen no el azar sino un destino prefijado en otras personas, al que Ana espera sentada mirando el sol de medianoche en el círculo polar. Esperando la casualidad de su vida, que se complete el círculo. Es decir, espera su destino.

Y justo cuando el destino va a cumplir su cometido, las casualidades juegan malas pasadas y Ana es arrollada por una anticipación repetida: el autobús.

Pero para Julio Medem la muerte no es un cesar de existir. Ana muere y no muere.
Muere reflejada en los ojos de Otto. Sin embargo, para los ojos de Ana, ella se reencuentra con él y lo abraza.

Ana

Ana espera constantemente la casualidad de su vida. En el patio del colegio, en la Plaza Mayor de Madrid, en su cuarto, porque puede que llegue a través de la ventana abierta, en el Círculo Polar…

Ella tiene un recurso mágico que la anima a seguir esperando cuando peor están las cosas. Con tan sólo ocho años, su padre muere en un accidente de tráfico porque su coche se quedó sin combustible y un camión lo arrolló; ese mismo día, mientras pretende “correr hacia atrás” para borrar la tragedia que acaba de suceder, conoce a Otto, cuyos padres se van a separar porque también a ellos “se les acabó la gasolina del amor”. De este modo, Ana-niña rechaza la muerte de su padre y reencarna la figura paterna en Otto, y le habla sin palabras, buscando señales

si él voltea y me mira ahora, es que me quiere

En esta primera etapa que constituye la infancia de la protagonista, se hace patente su carácter obstinado y a la vez frágil; segura de sí misma, le grita a su madre

¡No, y no llores para que no pase! ¡Sécate los ojos, papá no ha muerto!

Pero se sorprende con un avión de papel que transporta una enigmática pregunta de amor, a través del cual Olga y Álvaro entrarán en contacto por primera vez.

Ana tarda siete años en descubrir que fue Otto quien escribió la pregunta en el avión de papel y que estaba dirigida a ella, cuando Otto cuenta la historia del piloto alemán. Desde ese momento, Ana-adolescente, “también quiere estar enamorada”, quererlo como él la quiere a ella; como narra la tarde de su primer beso:

estar enamorado no es fácil; no basta con desearlo, hay que oírlo; Y yo me puse muy cerca, cerquísima, para quererlo como él a mí

En esta etapa adolescente, ambos descubren el sexo; Otto ya había encontrado el amor. ¿Y Ana? ¿Lo encuentra, o se busca a sí misma en el amor de Otto?

Una foto de familia nos lleva a la edad adulta de los protagonistas. Ana, una mujer joven que va descubriendo el amor, que sabe del corazón de un hombre totalmente enamorado de ella: El corazón de Otto.

Ana está esperando “la casualidad de su vida”, y decide trasladar la espera al borde mismo del Círculo Polar, a contemplar el Sol de medianoche sentada en una silla a pocos metros del agua; pero se teme lo peor, porque ha tenido casualidades de muchas clases y cree haber agotado todas las buenas.

El accidente que se nos había anticipado al principio sucede al final, y no deja ningún lugar para la esperanza: el Círculo de Ana se cierra trágicamente cuando es atropellada por el autobús, mientras cruza la calle de manera distraída, con un periódico en la mano, buscando noticias de Otto y del avión estrellado. En otras dos ocasiones a lo largo de la película hemos asistido a choques de autobuses; en primer lugar, cuando Álvaro le dice a su hijo que va a dejar a su madre “porque se les acabó la gasolina”, es entonces cuando un autobús se cruza por delante del coche provocando un frenazo que no llega a ocasionar daños; pasado el tiempo, Olga va a llevar a los niños al colegio en el vehículo y de nuevo se interpone un autobús, lo que ocasiona un segundo frenazo que le sirve al director de elipsis temporal para sustituir a los niños por adolescentes.

En un mundo lleno de estadística como en el que vivimos, el azar y las casualidades van guiando la vida de estos personajes hasta que las cortinillas “Los ojos de Ana” y “Otto en los ojos de Ana” nos preparan para sorprendernos de nuevo. Y es esa última sorpresa la que cierra el círculo en un final sereno, pero de volcánicos sentimientos.

Seis actores han sido necesarios para encarnar a Ana y Otto en la niñez, la adolescencia y la juventud, destacando a un Fele Martínez que explota al máximo su vena sensible, frente una Najwa Nimri que se sirve del minimalismo interpretativo para salir bien parada. Pero los que de verdad lo llenan todo, son los dos personajes adultos, Nancho Novo y Maru Valdivieso, como padre y madre de cada uno de los protagonistas, se convierten en una de las más agradables sorpresas del film.

Otto

De una mente de altos vuelos surge el piloto. Mientras Ana une casualidades, Otto planea en círculos. O, más bien, en elipses, ya que el círculo no se completa.

Otto no es diáfano. Desde su infancia, busca formas para sacar de sí todo lo que le preocupa pero no de una forma convencional. Como esa pregunta que escribe en el avión de papel y que lanza por la ventana, cuya concretización no se devela en la cinta.

Desde una perspectiva psicológica se podría sacar una ingente cantidad de suposiciones por este hecho, empezando por la proyección del director al personaje de Otto.

Otto sólo se muestra a su madre a la que “querrá siempre”, hasta que crece y se vuelve adolescente y ese amor lo proyecta hacia Ana. Y el amor crece en él también con la pasión del sexo que florece en su interior. Un amor que, como sus sentimientos, es secreto, oculto.

Su padre no le comprende, le parece muy impulsivo por la mera razón de no explicar sus actos. Olga (la madre de Ana) tampoco lo comprende, piensa que está un poco loco. Sólo dos personas le comprenden bien, sus dos corazones rojos: su madre y Ana.

Es con la muerte de su madre con la que Otto vuelve a retrotraerse por la culpa y hasta que no la supera con el tiempo no es capaz de retomar su vida, vuelve a su casa buscando a Ana y encuentra a un padre que le muestra su rencor y por esa confrontación vuelve un amor diferente, un amor de hijo-padre que desde que Álvaro dejó a su esposa, no sentía.

Como si fuera esa una condición para el reencuentro, será su padre quien le dé la carta que envió Ana desde el círculo Polar.

Otto reflejado en los ojos de Ana.

Todo comenzó, exactamente, con el último plano de Los amantes del Círculo Polar: un acercamiento digital al reflejo de Otto en el ojo de Ana, mientras su pupila se dilataba de muerte.

Ana no había conseguido cerrar el círculo por culpa de un accidente. Un paquete desde Laponia a nombre de Otto y dentro de el, una nota: “¡Valiente, salta por la ventana!”, un deseo de reencuentro con el amor de su vida, en el borde mismo del Círculo Polar y una cita que nunca llega a realizarse, aunque el deseo de que se produzca motiva que Ana abandone su cuerpo una vez muerta para cumplir su sueño: abrazar a Otto.

Este aparente doble final, que se anticipa al principio de Los amantes del Círculo Polar procura dejarnos un buen sabor de boca, lejos de la amarga realidad que es el reencuentro final de los protagonistas, donde esta indeseable casualidad vuelve a estar presente para llevarse a Ana para siempre y como ella diría:

Ya no quedan buenas casualidades, yo las agoté todas

Si no hubiera estado leyendo el periódico, si el periódico no mostrase en primera página el accidente de avión, si hubiese mirado antes de cruzar, si hubiera… pero ya nada tiene solución. Otto está reflejado en los ojos de Ana y ella se va para siempre.

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7 pensamientos en “Los amantes del círculo polar

  1. buen texto, pero tengo algo que apuntar! al final, cuando Otto se refleja en los ojos de Ana, y uno piensa que ella está muerta, vemos una lágrima que quiere rebosar el ojo, por qué la lágrima? porque ve a Otto? Si llora, está viva…y quién dice que la impresión de verlo no hace que ella se recupere? sería romanticismo sublimado no?…mi idealismo y yo yo decimos que la peli está muy bien, pero que mejor sería que Julio Médem hiciera una segunda parte……los amantes del círulo polar antártico, por ejemplo. Porque esa lágrima deja una pequeña, minúscula esperanza abierta, pero la deja al fin.

  2. Hola,me encantó tu analisis de la pelicula.
    ¿Te gusto “Lucía y el sexo?. ¿Crees que -como dijo Julio Medem-Ana reencarnó en Lucia?

  3. muy buen texto, realmente has resumido e interpretado todo…casi todo.
    tal como dice le primer post, esa lágrima significa algo; puede ser una lágrima reflejo de la felicidad de abrazar a otto? o puede ser una lágrima reflejo de la vista de otto que acaba de llegar a verla?. Yo me la juego por la segunda opción, simplemente porque la película se forma a partir de una serie de hechos que se repiten:
    -El autobus aparece 3 veces y en las dos primeras no mata, porque ahora si?
    -otto persigue a ana, otto (alemán) persigue a cristina.
    -otto se llama asi por el piloto alemán: álvaro se llama así por el español q salvó al piloto.

    y la última…cuando otto decide lanzarse al vacío en su trineo, no es acaso q al ver a a ana en sus ojos, lo vuelve en si?… Pues yo opino que esa escena se repite con la llegada de Otto a los ojos de una ana que esta al borde de que se cierre su círculo de vida; lo que no ocurre, tal como ana devuelve a la vida a otto, otto lo hace con ana, lo que provoca esa lágrima.

    saludos.

  4. muy muy acertado en tus palabras, por favor, no sabras decirme cual es el tituo de la ultima canción de lapelicula y su autor, si, si esa, la q esta en ingles?

    muchas gracias

  5. da la impresión de que cuando Otto se tira en trineo por el precipicio y a Ana parece caerle el trineo en la cabeza (los dos dicen ¿cómo estoy vivo?) ya se hubiesen muerto pero no, como pasa con Ana al final, y aparece el hombre que esquía hacia arriba que es el mismo que salva a Otto del árbol, esa escena es muy surrealista, me pregunto sin no murieron los dos en esa escena y lo demás es imaginario como cuando Ana al piso del piloto Otto (abuelo) y se encuentra con Otto, su hermanastro

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