Navidad 2007

Ya me había tardado en escribir algo sobre la (tan esperada por algunos) Navidad, esa fecha en que se reúne la familia, se preparan platillos especiales como chiles navideños, pavo, tortas de haba con camarón, sopa de pasta, ensalada navideña, buñuelos, ponche de frutas, fecha en que también la casa es adornada con luces que parpadean, pinos naturales o artificiales cargados de esferas, moños, listones, luces, estrellas, escarcha, campanillas, cascabeles y debajo de él, las cajas de regalos para el intercambio en la noche de navidad; además de los adornos en el dintel de la puerta, las carpetas y manteles alusivos, imágenes de santa bajando por la chimenea o de santa sentado en su trineo jalado por los renos, o de santa con una gran bolsa roja llena de regalos, o de los muñecos de nieve con nariz de zanahoria o de los renos trotando por el cielo guiados por el particular reno de nariz roja, o de música navideña como los típicos villancicos de We wish happy merry Christmas… o mejor aún Jingle bells, Jingle bells… además de las películas navideñas y de la ya clásica transmisión de Titanic en el canal 5. Claro, eso no es todo porque nunca falta el hogar que combina lo tradicionalista con lo globalizado porque además de todo lo anterior, coloca el nacimiento, es decir la escena representativa del nacimiento de Jesús en el pesebre entre burritos de yeso, pastores, borreguitos, caballos, la virgen María y José, su esposo, así como figuritas de gallos, arroyos, puentes, la estrella de David y hasta los tres reyes magos haciendo reverencia a la figurita de yeso de un niño envuelto en un pañal con los deditos restaurados y una patita fracturada porque es la misma figurita que usaba la abuela.

Pero… ¿todo esto a que nos lleva?

¿Realmente es el sentido de la Navidad o somos seguidores de un producto establecido por los medios para celebrar en medio de lo tradicional y lo globalizado? (ya ni menciono las costumbres paganas por lo del árbol y las luces)

Al final, creo que es una buena excusa (si, excusa y no razón) para tratar de reunir a la familia, para darse regalos, abrazos y buenos deseos, para tratar de estar unidos y convivir más de lo que no han hecho en todo el año por sus múltiples ocupaciones, problemas y por vivir ensimismados en su mundo.

Después de toda la revoltura de ideas y creencias, la Navidad se ha convertido en la mejor excusa para no ir a trabajar, para viajar, para reunirse con la familia y con los amigos para desear lo mejor; para comprar más de lo usual y para compartir.

Esta Navidad no fui a ver a mi madre a Tabasco (ni ella vendrá para año nuevo, eso es más que seguro) y mi hermana tampoco vino a Puebla desde Coahuila, primero que nada porque está molesta-sentida-altiva por aquella ocasión en que le pedí a mi cuñado que buscara su propio espacio para vivir luego de una diferencia de ideas. Con sus propias palabras dijo que no quería saber nada de mi y valla que lo ha cumplido pues desde esa fecha ni llamada, ni correo ni nada de su parte, pero bueno… no se que tan sano sea en mi lo que ocurre pero he aprendido a prescindir de las personas, al principio me duele que “me dejen” pero luego de un rato (demasiado breve para el desagrado de muchos) lo supero y todo sigue normal para mi; nada se detiene y todo sigue su curso.

Esta Navidad aunque no fui a Tabasco a visitar a mi madre tampoco pude pasarla con la persona con quien hubiera deseado estar: Ella… por diversas causas, entre las principales se encuentra que está de viaje por España y Alemania y regresa hasta Enero y por causas secundarias pues porque no somos nada mas que amigos y dudo mucho que su familia me hubiera invitado a cenar o a degustar de un buen rato con ellos… así es la vida; si no es una cosa, es otra. A pesar de todo me la he pasado muy bien, hice un pequeño viaje en moto a Tepeaca y luego a Tecamachalco, dos municipios del estado de Puebla a los que nunca había ido y aunque no tienen nada sorprendente o un atractivo demasiado fuerte el gusto de viajar en moto fuera de la ciudad nada lo supera. Cada día que pasa me gusta más andar en la moto y de cierta manera ya puedo predecir los escenarios de posibles accidentes, cuando veo que un peatón comienza a cruzar la calle sin voltear, o cuando un auto comienza a invadir mi carril, o cuando un semáforo está a punto de cambiar a amarillo y los autos que esperan por su luz verde comienzan a avanzar antes de tiempo; cosas así que voy adquiriendo mediante la experiencia de andar en las calles de la ciudad.

Esta Navidad ha sido totalmente diferente a las ultimas 4 que he pasado, pues en todas las anteriores había tenido gastar mi poco dinero en boletos de autobús para viajar por días enteros (hasta Hearne, Texas) para visitar a mi madre o soportar cambios drásticos de temperatura (hay demasiado calor en Tabasco) y lo peor de todo: tratarnos con pinzas (mi madre, su esposo, mi hermana, mi cuñado y yo) porque tenemos caracteres muy diferentes y cualquier oración mal organizada podría herir susceptibilidades u ofender al orgullo. Por más que tratábamos de estar bien, siempre surgía algo… si mi cuñado quería manejar la camioneta del esposo de mi madre y este le decía que no, entonces se sentía mal tanto mi cuñado como mi hermana; si mi madre y mi hermana se disgustaban entonces mi madre le regresaba el vestido que había recibido como presente; si yo no tenía para dar regalos debido a mi escasa economía entonces por iniciativa propia me sentía mal o si trataba de compartir mi fe cristiana me topaba con un muro de necedad que trataba de ser suave al decir “yo respeto las ideas y creencias de los demás, no me harás cambiar las mías” y un sin fin de cosas que salen a flote cuando se tratan de reunir personas que han estado distantes durante un año y cada uno viene de un entorno social y religioso muy distinto.

Para mi, este fin de año ha sido muy bueno en diversos sentidos.

En lugar de tratar de convivir con demasiada cautela y cuidar cada cosa que decía o hacía con quien considero mi familia, me la pasé con personas a quienes veo muy frecuentemente y hasta me invitaron a una comida/cena hasta San Jorge, Tlaxcala que terminó en risas, una muy buena charla, sorpresas y bonitos recuerdos con la familia que me dio la bienvenida temporal y transitoria.

También he pasado varias horas frente a la computadora para aprender nuevas técnicas en photoshop para la edición fotográfica, una de las tantas cosas que tenía un poco abandonadas.

Dicen que cambiar un poco no le hace mal a nadie, que hacer las cosas de distinta manera te renueva y que una vez al año, no te hace daño.

Este 2007 ha sido muy bueno conmigo en muchos sentidos… ahora falta el 31 de Diciembre.

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