El Blues

Haciendo un breve flashback comenzaré redactando que cuando tenía 15 años, trabajaba para un tatuador (uno bastante bueno en la ciudad) al que todos conocían por El verde, nunca supe porqué el sobrenombre aunque todo aquel que llegaba siempre le decía Que onda verde y rara vez escuché que le llamaran por su nombre.

Llegué a considerarlo un amigo a mi corta edad y creo que el también pues su familia me abrió las puertas de su casa un par de veces en fiestas familiares. El punto es que cuando trabajaba con él, haciendo la copia de cierto diseño sobre papel albanene a pulso, preparando el equipo (agujas, vaselina, tintas, guantes, etc) adicionalmente me correspondía poner música para hacer la jornada más leve. Hace 13 años, lo normal era sacar una cinta de cassette y ponerla en el equipo de audio (nada de ipods, memorias usb o CD’s con cientos de mp3’s) generalmente ponía cassettes de la banda Tree Souls On My Mind (que luego se hicieron llamar: El tri), de Espécimen, de Edgar Lira, de Rockdrigo González (el autor de la famosa canción “Metro balderas”) también ponía cassettes de Los pericos, de Real de 14 y en general, bandas de “rock urbano” como muchos le llamaban a ese género.

Diría que crecí en un mundo rockero, un medio agresivo “contra el sistema” pero amable entre la banda que siempre se echaban la mano, no importaba si era tatuador, artesano o que anduviera rolando por la ciudad con guitarra en mano.

Con ellos aprendí muchas cosas como la amistad, la lealtad, el cubrir la espalda y el orgullo contra el resto, el vestir de negro y tener el cabello largo, el escuchar música de verdad (nada de pop, ni trance ni románticas cursis) como ellos le llamaban a sus gustos, ya fuera rock urbano, punk, trash o metal.

Fuimos a conciertos de Transmetal, Nopalica, de Lira’n & Roll, del Haragán (todo mundo conoce su canción de “El no lo mató”), corrimos cuando la policía hacía redadas porque pensaba que ese tipo de eventos solo eran para drogarse y violentar en la sociedad, cosa que realmente era mentira porque sí, había quienes se daban tus toques de mota, los que de plano se perdían con caguamas sol en bolsitas de plástico pero muchos de los que no hacíamos eso, íbamos a escuchar música y a bailar con los ojos cerrados y disfrutar el viaje o de plano, entrar al Slam a repartir codazos y empujones para liberar el estress.

Nunca salí de pleito con nadie y llegue a ser conocido por la banda, y ya sabían que si me tocaba escoger el cassette de música siempre me daba por escoger a Real de 14…

El blues me gustaba, llegué a sentirlo con el alma cuando era mas chaval, y de ahí, pasaron los años y mi gusto rockero se hizo menos intenso, cuando entre al bachillerato ya comenzaban a gustarme banditas fresas como Maná y Caifanes, para cuando ingresé a la universidad lo único que me quedaba era la greña larga y las playeras negras con estampados de grupos rockeros fresas-extranjeros como Héroes del Silencio y de ahí, di el brinco a la trova, al pop, a las canciones románticas cursis y al trance.

Recientemente bajé unos albums de Blues y Jazz; entre tanta música que he bajado (cerca de 18,634 mp3s) mi reproductor casi siempre tiene la misma lista de reproducción que incluyen temas de Jazz, Blues, Trance y Rock.

Me puedo pasar días escuchando a Presuntos implicados (Blues) y la voz de esa mujer me sigue asombrando como si fuera la primera vez que la escuchara cantar. Sus canciones me traen gratos recuerdos (Satélite.mp3 4Mb), también logro ese paralelismo entre lo que vivo y lo que escucho (Cómo hemos cambiado.mp3 – 5Mb) o recuerdos compartidos con Ilian en las tardes nubladas y frías de Agosto mientras entonabamos con voz muy bajita Esta tarde vi llover.mp3 (4Mb).

Al final, creo que es bueno escuchar de todo, aunque sigo teniendo mis reservas con la música plástica-reciclada-hueca-comercial de Timbiriche, el reaggeton y pavadas de ese tipo que solo atraen un rato y después ya nadie recuerda semejantes chingaderas auditivas como el Asereje, la Macarena, El gato volador y La gasolina (yo si las recuerdo porque son una chingadera que toda la borregada anda repite y repite y quiera o no, se me pegan).

Al final… ¡que bendición es la buena música y su diversidad!

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